En la anterior publicación explicábamos cómo aplicar dos habilidades importantes en los momentos de crisis: la creatividad y la asertividad, Ambas cualidades pueden resultar útiles para abordar los conflictos que puedan surgir en la convivencia si las enmarcamos dentro del diálogo y de nuestra relación con el otro. Debemos ser conscientes de que convivimos con otras personas y que nuestro comportamiento repercute en su estar en el mundo, ahora más que nunca.

Por ello, seguimos ahondando con nuestra formadora Thais Palla en la asertividad como herramienta comunicativa. Para lograrlo, creemos es importante enlazarla con otra cualidad: la vulnerabilidad.

 

¿Por qué mostrar tu vulnerabilidad?

Tendemos a confundir la vulnerabilidad con la debilidad. Este error tan extendido es el causante de que a las personas les cueste mostrar una cualidad tan necesaria a la hora de comunicarnos, pues se le otorga un matiz peyorativo. Nada más lejos de la realidad: ser vulnerables nos hacer ser auténticos.

A todos nos afectan las situaciones que nos ocurren a lo largo de la vida, esto es indiscutible. El estoicismo puede ser una actitud adecuada en ciertos momentos pero puede suponer un obstáculo a la hora de fortalecer nuestros vínculos con los demás. De hecho, la filosofía estoica aboga por una concepción de la amistad y de las relaciones bastante reduccionista y que puede parecer muy alejada de la realidad social en la que vivimos. Entender la vulnerabilidad como un síntoma de debilidad es lo que nos aleja de la posibilidad de darnos a conocer al otro. Como consecuencia de esta actitud, olvidamos comunicar lo que verdaderamente necesitamos.

Entonces, ¿cómo debemos entender la vulnerabilidad? Atreverse a ser vulnerable es atreverse ser valiente. Consiste en observar cómo me siento yo ante una determinada situación para trasladar de forma efectiva y real lo que necesito. Esta comunicación es la que va a permitir crear un espacio en el que la otra persona pueda entender cómo me encuentro y qué es lo que me hace sentir de determinada manera, creando un diálogo recíproco dónde el otro pueda hacer lo mismo.

De este modo, en lugar de enrocarnos en argumentos racionales discutibles ad infinitum, nos comunicaremos desde lo que sentimos. La percepción personal es subjetiva y sus raíces empiezan desde nosotros mismos, escalando hacia el exterior. Solo desde la vulnerabilidad podemos ayudar a los demás a comprender qué es lo que las motiva a salir en busca del sol (o, a veces, de la lluvia).

 

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¡Mucha fuerza y ánimo!

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